¿Llevas mucho tiempo viviendo con tu pareja? ¿La rutina ha anidado de forma peligrosa en vuestra relación y te gustaría conocer maneras de impedirlo? Hay muchos modos pero nosotros vamos a recomendarte uno que pasa por las siguientes fases: mirar, tocar, masajear y control del orgasmo. Si así no lo reconquistas…

Lo que te proponemos es un juego muy especial. Sus reglas son muy laxas. Puedes aplicarlas a tu manera. Después de todo, no hay una persona igual que otra y cada pareja conoce (en principio) lo que le gusta y no gusta al otro.

El juego que te proponemos servirá también para poner a examen ese conocimiento y para aventurarse por nuevos caminos que seguramente nos llevarán a conocer mejor a la pareja.

¿En qué se fundamenta ese juego? En cuatro puntos fundamentales:

  • Mirar.
  • Tocar y acariciar.
  • Masajear.
  • Control del orgasmo de la pareja.

Siguiendo esos cuatro pasos seguro que lo pasamos muy bien. Y seguro, también, que aprenderemos cosas nuevas sobre nuestro compañero o compañera.

Mirar: clave en la seducción y el deseo

No es ningún secreto que a los hombres les gusta mirar. Puedes, o no puedes, sentirte a gusto estando desnuda delante de tu pareja, pero seguro que a él le gusta.

Para explotar esa realidad puedes combinar el erotismo de verte desnuda y la excitación de tocarte a ti misma con una experiencia educativa para vuestra relación.

Al permitir que él te mire cuando te tocas, estarás ayudando a que aprenda como te gusta que te toquen. De esa manera, le estarás dando una enseñanza impagable y brindando una escena excitadora con la que, muy probablemente, habrá fantaseado muchas veces. Imaginar a una mujer masturbándose es siempre un acicate para el deseo masculino.

Una vez en lo hayas llevado a la cama, invítalo a sentarse a tu lado. El juego marca que en este punto deberá controlar sus ganas de tocarte. Deberá conformarse con mirarte de cerca y disfrutar con la vista que le ofreces.

Mientras él te mira, utiliza tus manos para explorar tu cuerpo. Mientras lo haces, no pienses en ello como si estuvieras protagonizando una actuación. Imagina que está sola y que estás intentando disfrutar de tu propio placer.

Puedes hacer que dure el tiempo que tú quieras. Él, en ese momento, será feliz y se irá quedando poco a poco sin aliento, ya verás. Y tú disfrutarás con el morbo de ser observada. Cuando te apetezca, le invitas a que se una al juego.

Tocar y acariciar: la excitación por el tacto

En el juego que te estamos proponiendo no todo se basa en el autoplacer. El juego que te proponemos va más allá de la masturbación exhibicionista. En el juego, de hecho, se deben combinar ésta con el masaje erótico.

Al invitar a tu pareja a participar la estarás invitando a compartir el protagonismo en algo que, sin duda, es cosa de dos. Aunque tú lleves las riendas y marques las pautas.

Tras la escena y juego anterior, dile que se siente detrás de ti. Cuando lo haya hecho, siéntate delante suyo, cógele las manos y guíale como si fueran las propias tuyas. Recorre tu cuerpo y acaricia tus curvas con las manos de tu compañero.

Tu pareja querrá complacerte, así que dejará que le guíes por cada lado de tu cuerpo al ritmo que tú le marques, unas veces más rápidamente otras veces con mayor lentitud. Ve dejando poco a poco que él tome la iniciativa.

Llegados a este punto, te toca relajarte y concentrarte única y exclusivamente en tu placer. No pienses en ningún momento que ese placer es egoísta, pues es un placer compartido: él también está disfrutando. Después de todo, tocar a la pareja es uno de los grandes placeres de los que pueden disfrutar los amantes. Acariciar y ser acariciados es fuente de mucha satisfacción y un acto cargado de sensualidad.

Masajear

Siempre hay que tocarse cuando se hace el amor. En esta fase del juego, los tocamientos que tú realices tendrán un objetivo prioritario: estimular el pene de tu pareja con las manos.

Eso sí: el masaje no debe ser entendido como una simple masturbación. Va a ser un trabajo con las manos, sí, pero no se va buscar el orgasmo.

Para realizar este masaje del pene (en el universo del Tantra se habla de masaje lingam) debes utilizar un poco de aceite. Con él deberás lubricar tus manos y con él también frotarás sus testículos y el eje del pene, moviendo lentamente tus manos de arriba abajo, suavemente y sin acelerones que pudieran provocar una eyaculación no deseada.

Control del orgasmo

Llegados a este punto nos toca filosofar un poco. Nos pasamos el tiempo gestionándolo todo: nuestro tiempo, nuestra vida, nuestro trabajo, la familia, nuestro hogar… A veces, ya no queremos pensar en nada más.

Pero este juego que te hemos propuesto para alejar un poco la rutina de tu relación exige que tomes también el control del mismo. Si duda, podrías delegar esa tarea en tu pareja. Podrías decirle: “quiero que esta noche domines todo, mi amor; voy a ser completamente pasiva; décidelo tú todo (las luces, la ropa, la música…)”. Estaría bien. Pero estará mejor que seas tú quien tome las riendas y lo controles y decidas todo. Incluso el momento en el que él, por fin, puede encontrar el alivio de la eyaculación.

Practicar el control de la eyaculación o edging con otra persona no es sencillo. Hay que conocer muy bien sus reacciones para saber cuándo está al borde mismo del abismo eyaculatorio.

¿Cómo se lleva a la práctica? Deteniendo la estimulación del pene cada vez que el chico está a punto de eyacular para, pasado un tiempo prudencial, seguir con la estimulación.

La práctica del control del orgasmo resulta muy placentera para quien la “sufre” y tiene una serie de beneficios que no hay que desperdiciar. Entre ellos destacan los siguientes:

  • Intensifica el orgasmo.
  • Ayuda a aumentar la resistencia del varón.
  • Aumenta la autoconciencia sobre el propio cuerpo.

Practicar el edging después de mirar, tocar, acariciar y masajear a la pareja es una excelente manera de alejar el fantasma de la rutina y estrechar los lazos de la relación de una pareja, haciéndola más segura y duradera.