Sexhop Online

Citas para hombres y mujeres con vocación de infiel

Fueron muchos los que confiaron en ella y son muchos los que aún se encuentran en estado de shock tras el escándalo que se ha derivado de la publicación de los datos de millones de sus clientes. El temor a ser descubierto por la pareja hace presa entre todos aquellos que, en un momento dado, atendieron al canto de sirenas de Ashley Madison y soñaron con la posibilidad de ser infiel a su pareja sin correr excesivos riesgos. Después de todo, el canto de sirenas de Ashley Madison, una de las páginas webs de contacto punteras de todo el mundo, era, en ese sentido, muy efectivo. Hablaba de encuentros discretos para gente casada. Allí, en el punto de encuentro virtual de Ashley Madison, un hombre que deseara echar una canita al aire sin hacer temblar los cimientos de su relación matrimonial podía encontrar a una mujer que, como él, deseara vivir una aventura sin compromisos sentimentales más allá de los muros de su propio matrimonio.

El canto de sirenas de Ashley Madison tuvo tanto éxito que fueron más de 32 millones de personas las que, en todo el mundo, decidieron convertirse en usuarios suyos. De todos esos usuarios, un millón de ellos eran españoles. Los temblores en las piernas de todos ellos comenzaron cuando The Impact Team, un grupo de personas que habían decidido unirse para protestar por una funcionalidad de la página que, previo pago, permitía borrar los datos personales del usuario que lo solicitara, decidió hacer públicos los datos de los usuarios de clientes de Ashley Madison.

Verse incluido en una lista de infieles no es plato de gusto para ninguna persona que no quiera acabar con su matrimonio. Por eso el temblor de piernas se apoderó de un sinfín de usuarios de Ashley Madison. Al temor a ser descubiertos no tardó en añadirse otro sentimiento: el de sentirse estafados. Este sentimiento de estafa no se derivaba solamente de ver cómo la confidencialidad que se publicitaba como inquebrantable resultaba quebrada por la acción de los hackers o por la filtración debida a algún empleado despechado. El sentimiento de estafa se derivaba también de comprobar cómo, en muchos casos, se había flirteado con una mujer inexistente.

Perfiles falsos

Y es que el hackeo de los datos de Ashley Madison no sólo ha servido para sacar a la luz su lista de usuarios. También ha servido para intuir que Ashley Madison podría haber hackeado otra web de contactos para hacerse con su base de usuarios y también para comprobar que gran parte de los perfiles femeninos de las usuarias de esta página de contactos eran perfiles falsos. De hecho, se habla de un porcentaje de entre el 90 y el 95% de perfiles femeninos falsos en Ashley Madison. La denuncia presentada por una empleada de la empresa en Canadá ya apuntaba hace un tiempo en esta dirección. Según esta mujer denunciante, sus funciones en Ashley Madison se habían limitado, durante tres meses, a la creación y mantenimiento de unos mil perfiles femeninos que, en lengua portuguesa, debían servir para abrir mercado en Brasil.

Este descubrimiento ha sido especialmente lacerante para todos esos usuarios que, desde el anonimato que parece ofrecer la virtualidad de internet, soñaban con encontrar una mujer con la que vivir un apasionante e irrastreable encuentro erótico. A nadie le gusta descubrir que la persona que le ha excitado en los últimos tiempos y con la que ha llegado a tramar ese imaginariamente fantástico encuentro en el que van a hacerse realidad todos sus sueños más íntimos no es una mujer real, sino una creación virtual destinada a captarle como cliente. Una cosa es, llegado el caso, arriesgar el matrimonio por haber mantenido una tórrida aventura extramatrimonial y otra muy distinta arriesgarlo por una simple fantasía. Y el tramar encuentros vía internet con alguien que no es sino el perfil imaginario y falso creado por un profesional no pasa de ser, seguramente, eso: una fantasía.

Pero… ¿quién explica a una mujer casada que esa fantasía de su marido no se sostiene sobre una realidad: el planteamiento de la infidelidad por parte de ese marido como una posibilidad factible o un sueño por realizar? Aunque sea imaginariamente, ese hombre puede ser tenido por infiel. “Yo no te engañé”, puede decir él. “Porque no pudiste”, puede contestar ella. Y ese argumento puede, ciertamente, resultar irrebatible en el mismo instante en el que la mujer ponga la palabra “divorcio” sobre la mesa.

Aún no se ha podido comprobar el efecto que el escándalo de Ashley Madison puede acarrear a nivel de negocio para todas las páginas de contacto que compiten en internet para conseguir los favores de esa cohorte de hombres que, pese a estar casados, no le hacen ascos a buscar una aventurilla extramatrimonial. No sabemos cómo lo sucedido con Ashley Madison puede influir en la mente de un hombre que, casado, quiera utilizar la aparente invisibilidad que nos proporciona la red para echar una canita al aire. Aunque no puede dejar de sorprendernos que, ciertamente, sería chocante que al final resultara más peligroso para la estabilidad matrimonial dejar un perfil en una página de contactos de internet que volver a casa a deshora, con marcas de carmín en la camisa y un abigarrado olor a perfume enganchado a la ropa.


Dejar una respuesta