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El algoritmo del amor

Que el amor es cuestión, en gran medida, de química, es algo que, quien más quien menos ya tiene asumido. Hemos leído muchos artículos sobre hormonas y sobre cómo las feromonas, la oxitocina y otras sustancias varias forman un cóctel que, combinado con la imagen más o menos romántica que la literatura y el cine nos han venido dando a lo largo de la historia sobre el deseo y sobre la entrega desinteresada a otra persona, acaban conformando lo que conocemos como amor.

Pero el amor no es sólo cuestión de química y literatura. Al parecer, y según distintos estudios, que la simple atracción cuaje en algo más que en un quiero y no puedo depende, en gran medida, de la ciencia matemática. Amor y matemáticas, así, irían unidos en un binomio que ha sido estudiado por diferentes científicos. El conocer los mecanismos internos de funcionamiento de dicho binomio nos permitiría elegir a la persona adecuada en una fiesta. Es decir: conocer la relación entre matemática y amor nos permitiría no errar el tiro cuando iniciamos nuestro proceso de seducción.

Una de las matemáticas que ha intentado desentrañar los misterios de la relación entre matemáticas y amor es la profesora del University College de Londres Hanna Fry. Fry, apoyándose en el algoritmo de emparejamiento ideado por Gale-Shapley en 1962, reúne en su obra Las matemáticas del amor una serie de pautas aritméticas que permitirían, en caso de ser seguidas, localizar al consorte perfecto

No pretendemos aquí plasmar dicho algoritmo ni explicarlo en todos sus detalles. Como la propia Hanna Fry plasma en su libro, lo más importante de él (y lo que hace referencia directa a la relación mantenida entre amor y matemáticas), es fácilmente resumible: si uno se lanza decididamente al ruedo y empieza a intentar conquistar a la primera persona de una lista de preferencias y después, ante las negativas, va bajando en el escalafón o listado, la mujer que dé el sí será sin duda la mejor dentro de todas las posibles. Para que eso sea así es fundamental que se cumpla algo que ya hemos destacado en algún post anterior: que se tome la iniciativa, que se dé el primer paso. Quedarse esperando es depender de la decisión de otros y la decisión de los otros no tiene por qué ser la más acertada para nosotros. Si esperamos que los otros den el primer paso… ¿quién puede asegurarnos que la persona conseguida es la mejor que, dentro de nuestras posibilidades, podríamos conseguir? Siempre sale a cuenta, pues, tomar la iniciativa.

Ligar on line calculando probabilidades

En los últimos años, sin embargo, hay una forma de ligar que poco a poco va abriéndose espacio entre las personas que buscan pareja y que, acorde con los tiempos, fundamenta sus prácticas y tretas de seducción en la comunicación on line. Una nueva forma de ligar exige, pues, de la existencia de nuevas estrategias.

Amy Webb, profesora de la Columbia University de New York y especialista en estrategias y nuevas tendencias digitales, ha buscado diseñar sistemas de ecuaciones virtuales que tienen como finalidad garantizar el éxito sentimental en la red. Para Amy Webb, la relación entre amor y matemáticas está clara, pero el algoritmo de búsqueda que deben servir para asegurar ese éxito seductor y la conquista de la persona verdaderamente adecuada debe ser exclusivamente personal para cada cual. Para descubrir ese algoritmo personal e intransferible es fundamental que se cumpla un requisito: hay que ser absolutamente sincero con uno mismo, saber lo que se desea y buscar precisamente y con determinación y ahínco eso y no ninguna otra cosa.

En algo en lo que parecen incidir todos los estudios de los diferentes psicólogos, matemáticos o científicos varios que han intentado descifrar las claves de la relación entre amor y matemáticas es en que todo, finalmente, es cuestión de cálculo de probabilidades. Especialista en el cálculo de probabilidades es Peter Backus, profesor de economía de la Universidad de Manchester. En 2010, Backus se sirvió de la ecuación de Drakem, creada para estimar si hay otras vidas civilizadas en nuestra galaxia, para saber cuántas posibilidades tenemos de encontrar y conquistar a nuestra media naranja. Los resultados fueron ciertamente desalentadores: la posibilidad de encontrar a nuestra media naranja en nuestro país es sólo 100 veces mayor a la de encontrar vida inteligente fuera de nuestro planeta.

Analizando todos los estudios referidos podemos llegar a la conclusión de que la relación entre matemáticas y amor no hace sino reforzar una idea que nunca deberíamos perder de vista: el esfuerzo es fundamental en todo el proceso del enamoramiento y, sobre todo, en el tiempo que sigue al de la conquista. Esfuerzo para conquistar y esfuerzo para mantener lo conquistado. La actitud, el compromiso, el interés o la perseverancia son valores de primera magnitud. Así, el teorema que explicara la fórmula que relacionara amor y matemáticas podría resumirse en una frase: “a mayor perseverancia, mayor posibilidad de conquistar y mantener a nuestro lado a la persona más idónea posible”. Persevera, pues, si deseas conquistar a la mujer de tus sueños y, una vez conquistada, no dejes de perseverar. La conquista diaria de la persona amada será fundamental para mantener una relación que debe hacerte sentir feliz y afortunado.


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