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Teoría de la fluidez sexual

Seguro que alguna vez te lo has preguntado. ¿Por qué hay personas que nunca nos llamarán especialmente la atención? O: ¿por qué hay personas que, por mucho que nos empeñemos, nunca se sentirán atraídas por nosotros? Seguro que también te has preguntado qué hace que entre dos personas se dé eso que llamamos química, complicidad, conexión…

La atracción sexual entre dos personas (sin que necesariamente tenga que pasar nada entre ellas) es algo que parece que ronde la predestinación. Pero, ¿de dónde surge esa conexión especial? Saberlo puede ser fundamental para que un aprendiz de seductor sepa en todo momento el terreno que pisa. Ningún conocimiento sobre los mecanismos que determinan la relación entre las personas (y eso que llamamos atracción erótica es, sin duda, una de ellas) deberá ser menospreciado por quien quiera dominar los mecanismos de la seducción.

Según los más recientes estudios científicos la atracción sexual depende de muchos factores. La atracción sexual no es un mecanismo sencillo sino sumamente complejo, especialmente en el caso de las mujeres. Según ha señalado el psicólogo especializado en la evolución del género humano Satoshi Kanazawa, hombres y mujeres pueden ser sexualmente fluidos. Con esta terminología, Kanazawa hace referencia a lo que sería una sexualidad libre de restricciones de género. Kanazawa, además, señala en su estudio que las mujeres pasan más libremente de una identidad heterosexual a otra bisexual u homosexual.

¿Qué influencia puede tener esto sobre los mecanismos de atracción erótica? Sin duda que mucha. Debido a esa fluidez sexual, la persona que atraiga a una mujer podrá atraerla por múltiples circunstancias, no todas ellas derivadas de la pertenencia a un determinado género. Las conclusiones de Kanazawa no son nuevas. Con otra terminología, Meredith L. Chivers ya había declarado años antes que Kanazawa que la atracción femenina distingue menos entre hombres y mujeres que la atracción masculina.

El saber esto podría inducir al aprendiz de seductor a intuir erróneamente comportamientos de carácter lésbico en mujeres que no se sintieran atraídas por él. Este aprendiz de seductor debería huir de dicho tipo de asociación de ideas pensando que, del mismo modo que a él no le atraen todas las mujeres, a las mujeres no tienen por qué atraerles todos los hombres que se crucen en su camino. Aceptando esto, el aprendiz de seductor podría preguntarse: muy bien, entonces, ¿qué tipo de hombre le gusta a una mujer?

A esa pregunta dan respuesta algunos estudios que apuntan en la dirección de que, por regla general, las personas nos sentimos atraídas por aquellas personas que, en cierto modo y aunque sea lejanamente, se parezcan a nosotros. Ese parecido nos lleva a sentirnos en presencia de alguien familiar, alguien cercano, alguien que nos resulta conocido, y eso nos produce una cierta sensación de confianza en esa persona, lo que nos predispone a gozar de su compañía.

Atracción sexual y ciclo menstrual

Otros estudios que el aprendiz de seductor debe tener en cuenta para valorar en su justa medida el posible desequilibrio existente entre sus esfuerzos seductores y los resultados obtenidos por ellos son aquellos que hablan de cómo la atracción sexual de la mujer por un hombre u otro varía a lo largo de todo su ciclo menstrual. Es decir: que dependiendo del momento de su ciclo menstrual en que abordemos a una mujer tendremos mayor o menor posibilidad de obtener su sí. En sus días fértiles, las mujeres se sienten atraídas por hombres con un físico claramente masculino y con facciones simétricas. En esos días, además, las mujeres se sienten más proclives al mantenimiento de relaciones sexuales. La atracción sexual por su pareja aumenta. Y también aumenta la posibilidad de que sienta atracción sexual por otros hombres. Por decirlo de una manera un tanto burda y, sin embargo, tan ilustrativa como comprensible: en esos días en que aumenta la fertilidad de la mujer, la mujer está más caliente. Cuando esos días pasan, la atracción sexual disminuye.

Lógicamente, si te acercas a una mujer en sus días fértiles tendrás mayores posibilidades de “triunfar” que si lo haces en días no fértiles. El saber esto puede conducir al aprendiz de seductor a una obsesión: intentar conocer el ciclo menstrual de la persona a la que desea seducir. Algo arduo, teniendo en cuenta que las mujeres no suelen ir pregonando entre los hombres cuándo tienen la regla y que el ciclo menstrual no tiene por qué ser en una mujer algo matemáticamente regular. La irregularidad del ciclo menstrual es norma generalizada entre muchas mujeres, sobre todo entre aquéllas que no consumen la píldora anticonceptiva. Ésta, entre otras funciones, cumple como se sabe la misión de regular la menstruación.

¿Cómo funciona el ciclo menstrual

Pero seamos optimistas y supongamos que la mujer a la que deseas seducir tiene un ciclo menstrual regular y que éste dura lo que se considera una duración media, es decir: 28 días (puede oscilar, en los casos de irregularidad, entre los 21 y los 40 días). ¿Cuáles son sus días fértiles o, dicho de otro modo, cuáles son los días en que existe mayor posibilidad de que ella esté físicamente más predispuesta a sentir atracción sexual?

Vamos a considerar el día uno del ciclo menstrual aquél en que se produce la menstruación y que el ciclo menstrual consta de dos fases de 14 días cada una. Pues bien: los días fértiles de una mujer serían los días centrales del ciclo, es decir, los días que van del 11 al 17 contados a partir de la menstruación. En esos días sería, según los mencionados estudios, cuando la mujer se sentiría más proclive a experimentar cualquier tipo de atracción erótica.

Si tienes posibilidad de averiguar el dato de la llegada de la menstruación, no dudes en hacerlo. Te servirá, como quien dice, para actuar con mayores posibilidades de éxito. Si no tienes posibilidad de averiguarlo y tienes un trato más o menos habitual y cercano con la mujer a la que quieres seducir, extrema tus dotes de observación. Si es compañera de trabajo contabiliza sus visitas al servicio. Se incrementarán notablemente en los primeros días de la menstruación. Cuenta a partir de ahí once o doce días, y, ya sabes, lánzate al ruedo. La ciencia, al menos, estará de tu parte.

Si los resultados no son los deseados, no desesperes ni maldigas a todos esos señores de bata blanca que, encerrados en un laboratorio, pretenden desentrañar los manuales de funcionamiento de los mecanismos que mueven al mundo. Si la seducción es fuente de grandes alegrías (aunque también de dolorosas decepciones) es sólo porque no es una ciencia exacta y por, tanto, siempre existe una duda, una inquietud, un nerviosismo que, en caso de que le proceso de seducción obtenga resultados positivos, permite valorar mucho más un resultado en el que en muchas ocasiones interviene el azar. Después de todo, ¿qué produce más alegría?, ¿que nos toque el Gordo de Navidad o que comprobemos que, tal y como preveíamos, cinco más cinco suman diez?


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