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El cortejo

No hace demasiado que hablábamos en este blog de cómo habían evolucionado las formas de cortejo desde los tiempos de nuestros abuelos hasta ahora. Hablábamos allí, de manera muy general, de las “carabinas” (aquellas mujeres que salían con las parejas de novios para evitar que éstas se entregaran, antes de tiempo, a los desvaríos de la pasión) y de cómo esos “usos amorosos” habían evolucionado hacia nuevas formas de cortejo, entre ellas, algunas directamente relacionadas con el uso masivo que hoy en día se dan a los recursos de internet y a las redes sociales.

Hoy vamos a dedicar un capítulo especial y algo más profundo al cortejo, a su manera de desarrollarse y a la evolución histórica de las diferentes formas de cortejo.

Para empezar, debemos aclarar qué es el cortejo. El cortejo es, simple y llanamente, las pautas de aproximación sexual que dan lugar al emparejamiento. Este ritual (pues de ritual habría que hablar al hablar de cortejo) ha tenido a lo largo de la historia unas consecuencias marcadamente socio-culturales. El cortejo ha desempeñado, pues, un rol capital en la construcción de la sociedad. Y el tipo de sociedad ha determinado en cada momento histórico, a su vez, la forma del cortejo. La aparición de un concepto romántico del amor a finales del siglo XIX y principios del XX hizo cambiar las técnicas de seducción. El cambio del rol desempeñado por la mujer en la sociedad, las revolucionó.

Etapas del cortejo

Las diferentes etapas del cortejo a nivel individual han sido estudiadas por múltiples antropólogos. Uno de los más famosos ha sido el etólogo británico Desmond Morris. En obras como El mono desnudo, El hombre desnudo o La mujer desnuda, Morris ha analizado los comportamientos humanos. Fruto de ese análisis es, entre otras cosas, el resumen que de las diferentes etapas del cortejo hizo en su momento Morris.

Para Desmond Morris, las diferentes etapas del cortejo serían las siguientes:

  1. Mirada al cuerpo.
  2. Mirada a los ojos.
  3. Intercambio vocal.
  4. Tomarse de las manos y acariciarse.
  5. El brazo en el hombro.
  6. El brazo en la cintura.
  7. El beso (boca en boca).
  8. La mano en la cabeza.
  9. La boca en el pecho.
  10. La mano en el sexo.
  11. El sexo en el sexo.

Cada una de estas etapas exige una duración determinada y esa duración ha ido variando a lo largo de la historia. Sin duda, ahora se llega mucho antes a la situación de tocar los genitales que hace unas décadas. Culturalmente, sin embargo, y durante mucho tiempo se inculcó que lo difícil de conseguir era mucho más valioso que lo fácilmente alcanzable, con lo que cada una de esas etapas se valoraba como un peldaño que irremisiblemente había que pisar si se deseaba alcanzar el objetivo deseado y se volvía mucho más duradera de lo que lo es ahora. En la actualidad, los tiempos se han acelerado de manera muy significativa.

Uno de los grandes cambios experimentados a nivel social y que han acabado determinando las formas de cortejo es la visión que socialmente se tiene del sexo. Éste ha perdido gran parte de su carácter ceremonial y la virginidad ha dejado de desempeñar un papel capital a la hora de determinar la aceptación o no de la mujer como compañera sexual o mujer con la que compartir la vida. Esto, indudablemente, ha acabado influyendo en las formas de cortejo. La aceptación del sexo como parte natural de la vida ha hecho que disminuyan las exigencias de compromiso tanto a nivel emocional como de exclusividad sexual.

Otro de los grandes cambios experimentados en las formas de cortejo tiene que ver con el cambio de rol que la mujer desempeña en ellas. Si, tradicionalmente, la mujer era la encargada de esperar y de dar un sí o un no al hombre que, cumpliendo con el papel reservado al género masculino, hubiera tomado la iniciativa de iniciar el ritual, ahora también puede, la mujer, convertirse en activadora del proceso, en persona que da el primer paso y lo pone en marcha. Ante este cambio de rol por parte de la mujer el hombre ha tenido que reaccionar. Muchos hombres, sin embargo, se encuentran desubicados ante esta nueva situación y no saben cómo interpretar el papel que tradicionalmente interpretaban las mujeres.

Los signos del cortejo

Lo que todavía no ha cambiado en exceso son los signos externos del cortejo, es decir, todos aquellos detalles que formarían parte de lo que se conoce como comunicación no verbal. Algunos de esos signos podrían ser la actitud tímida, el ladeo de la cabeza, la mirada penetrante, el echar el pecho hacia delante y, finalmente, la sincronía en los movimientos. En el ritual del cortejo es habitual que, en un momento determinado, empiecen a producirse movimientos en espejo, es decir, que una de las dos personas calque los movimientos de la otra.

A la hora de mirar a la persona que se quiere seducir se fija la vista durante dos o tres segundos (no más), para luego apartar la vista. Las pupilas, al mirar a la persona a la que se quiere conquistar, acostumbran a dilatarse.

La voz, sin duda, experimenta también cambios cuando quien la utiliza está inmerso en un ritual de cortejo. Eso sí: los cambios que se produzcan en la inflexión de la voz y en el modo de usarla variarán de una persona a otra dependiendo del grado de educación y de la influencia del entorno cultural.


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