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¿Existe una cita gratis?

No existe cita gratis. Quítatelo de la cabeza. Puedes buscarla más o menos cara. Puedes invitar a cenar a la chica a una hamburguesería o a un restaurante de varios tenedores. Podéis tomar un refresco en un bar de barrio o una copa en algún lugar de moda. Hay muchas opciones, pero ninguna de ella es gratis. Asúmelo cuanto antes. Claro está que siempre cabe la posibilidad de que defiendas la opción de ir a dar un paseo por el parque o el paseo marítimo (si tu ciudad lo tiene), pero eso, que puede resultar muy romántico para una cita posterior, no nos parece lo más indicado para una primera cita.

Asumido esto, el abanico de posibilidades es, como te hemos indicado, muy amplio. Aunque no lo parezca, son mayoría las mujeres que, pese a poseer su propio trabajo y disponer de su propia independencia económica, siguen valorando positivamente que el chico les invite a comer, cenar o a tomar una copa en las primeras citas. ¿Por qué? Seguramente porque es una actitud socialmente muy arraigada. Un patrón cultural. O quizás porque el dejarse pagar la cena puede ser, en el fondo, una forma de valorar hasta qué punto el chico que las invita está interesado en ellas. Eso no quiere decir que debas demostrar tu interés dejando todos tus ahorros persiguiendo el brillo de alguna estrella Michelín. Hay muchas escalas intermedias entre hacer que la chica con la que has quedado se pague la cena y dejarte la cartilla de ahorros en un restaurante dirigido por un alumno aventajado de Ferran Adrià.

Asumido que tienes que gastar algo en la cita es hora de que asumas algo que debes tener en todo momento presente. Que una chica acepte ir a cenar contigo no indica, necesariamente, que esa chica desea acostarse contigo. No esperes siempre conseguir algo sexual a cambio de una cena. Esta advertencia puede parecer fuera de lugar y, hasta cierto punto, tonta, pero ¿no has encontrado tú alguna vez a alguien que se ha lamentado de todo lo que tuvo que gastarse para invitar a cenar a una chica “para nada”? Ir a una cena pensando en que después se va a disfrutar de un rato de sexo implica dos riesgos. Uno: que la decepción sea demasiado grande. Dos: que no se disfrute convenientemente de la cena por estar atenazado por las ansias de lo que puede suceder después.

Prioridad de gastos

Si eres estudiante y no dispones de un presupuesto demasiado cómodo, intenta ahorrar en otras partidas. Si la chica te interesa de verdad, ¿no merece la pena estar un par de fines de semana sin salir para, así, poder disponer del dinero suficiente para poder invitar a esa chica a cenar? Si ella es tan importante para ti, si tu deseo de conquistarla es tan grande, ¿no sería lo más normal situar la posibilidad de cenar con ella en un lugar privilegiado entre tus prioridades? Llévala a un McDonald’s si no dispones de mucho. O a un bar de tapas. O a una pizzería de franquicias. Lo que importa es disponer de un tiempo para conocerse mejor y para demostrarle que estás interesado en ella hasta el punto de gastar parte de tu escaso presupuesto en invitarla a cenar.

Claro que también puede suceder que la crisis o la matrícula del coche o la compra de tu moto se hayan cebado con tu situación económica y, verdaderamente, no dispongas de cash para poder invitar a esa chica a una sesión de cine y cena. ¿Qué puedes hacer entonces? Ir juntos a un restaurante para marchar al lavabo poco antes de que llegue la cuenta no es una buena opción. Más bien parece una invitación al rechazo y a que no haya una segunda cita. Una buena opción podría ser invitarla a tu piso, apartamento, etc. con la promesa de cocinar para ella. Esa promesa, qué duda cabe, hay que cumplirla. Es decir: deberás pensar un plato y cocinarlo para ella en el caso de que tengas la fortuna de que ella, en esa primera cita, acepte de buenas a primeras concertarla en tu casa en lugar de hacerlo en un lugar mucho menos comprometido, público e imparcial.

Sea como sea, nuestro consejo es que no seas especialmente tacaño al hacerte planteamientos sobre los gastos de tus primeras citas. Piensa en positivo: quizás esa mujer a la que vas a invitar sea la mujer de tu vida. ¿No crees que ese simple motivo justifica el gasto de unos cuantos euros?


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