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Cualquier ambiente es bueno para ligar

El verdadero seductor no sabe de espacios; sabe de oportunidades. Al experto en seducción no le importa encontrarse en un cóctel, en la inauguración de un pub, en una reunión de trabajo o en una excursión organizada por la parroquia del barrio. Esté donde esté, el seductor intentará activar sus dotes de seducción para atrapar alguna presa y añadirla a su currículum vitae. Y lo intentará con todas sus fuerzas cuando contemple a alguien que le interese especialmente. Que tú no te consideres un seductor no quiere decir que no puedas serlo. O que no lo seas. Por eso debes tener siempre presente que no importa dónde conozcas a esa persona a la que de golpe y porrazo deseas conquistar. Sea donde sea, lo único que debes hacer es intentarlo.

Al seductor de verdad no le asustan los ambientes. Después de todo, cualquier tipo de ambiente sirve para acoger en su seno a personas, y donde hay personas hay deseos por cumplir, carencias que llenar y necesidades afectivas que atender. Eso por no hablar del cóctel hormonal que se puede producir cuando un grupo de personas están reunidas en un lugar determinado. Por eso el seductor tiene una máxima grabada en su ADN, y esa máxima le dice que cualquier ambiente es propicio a la conquista y que se puede ligar en las bodas, entre bailes y risas, pero también en los entierros, entre pésames y llantos. El seductor lo es cuando saca a pasear a su perro y cuando está tomando el café en la barra de esa cafetería cuya camarera es tan simpática y mona.

El seductor sabe que el ambiente no debe ser, en ningún caso, un muro insalvable. El ambiente, como mucho, debe determinar una serie de normas de comportamiento. Es decir: el seductor no se comportará en una discoteca del mismo modo que lo haría en una reunión de trabajo. Pero no rechazará ninguno de estos lugares de antemano como escenario para lucir sus mejores artes de seducción. Por no rechazar, el seductor no rechazaría ni siquiera uno de esos lugares en los que, por motivos obvios, el uso de la palabra queda reducido a su mínima expresión. Entre estos lugares en los que las palabras deben ser escasas o dichas en un susurro figura la biblioteca.

Seducción a ritmo lento

Seguramente alguna vez en tu vida has estado en una biblioteca y has visto a alguna chica que ha encendido las alarmas de tu deseo. Con toda probabilidad, y un poco sobrecogido por el ambiente de la biblioteca (ese silencio sólo mancillado por el pasar de las hojas, esos rostros reconcentrados de lectores y estudiantes, esa atmósfera casi monacal que a veces tienen los espacios dedicados a la cultura) nunca te has decidido a dar el paso de intentar ligar, y, sin embargo, ligar en una biblioteca no es nada que a priori pueda considerarse descabellado. Sólo hay que emplear las técnicas adecuadas.

Para que emplees estas técnicas con soltura debe cumplirse, ante todo, un requisito previo: la biblioteca no debe ser tenida por ti como un territorio hostil. En cierto modo, si quieres ligar en una biblioteca debes haber convertido a ésta en uno de tus hábitats naturales. Sólo el hábito de visitar la biblioteca te permitirá moverte en ella con naturalidad. Sólo conociendo las normas de funcionamiento del lugar sabrás moverte dentro de ella sin parecer un pulpo en un garaje. Saber buscar libros, llevarlos con soltura a la mesa y abrirlos son movimientos que el seductor de biblioteca debe dominar si quiere ligar en una biblioteca. No es necesario que el seductor de biblioteca lea el libro que tiene en sus manos o no. De hecho, lo que importa es la pose, la actitud. Los ojos, después de todo, deben estar pendientes de los movimientos de la presa. Esos ojos serán los que proporcionen al seductor que quiere ligar en una biblioteca la información necesaria para conocer los hábitos de la chica a conquistar.

El seductor que quiera ligar en una biblioteca deberá saber de su presa los días que suele acudir a la biblioteca, el tiempo que se queda allí, el tipo de lectura que elige, si viene sola o acompañada… Todos estos datos son de capital importancia para buscar una manera de aproximarse a ella. Esos datos servirán para perfilar la estrategia de seducción.

El primer acercamiento a la presa es capital. Sentarse casualmente a su lado sería la mejor manera de iniciar ese acercamiento. Una vez a su lado, hay que procurar que las miradas se crucen. Cuando lo hagan, sonríe levemente. Si te devuelve la sonrisa, ya tienes algo ganado. Hay una rendija por la que puedes asomarte a su interior. Lee. O haz que lees. Lo importante es que ella no se perciba de buenas a primeras de tus verdaderas intenciones. Cuando se levante para irse, despídete de ella, y espera a una próxima ocasión para proseguir en tu acercamiento.

En sucesivos días puedes continuar con la táctica de los saludos. Ligar en una biblioteca necesita un ritmo calmado que seguramente no se dan en otros ambientes. Aquí, más vale no precipitarse. Cuando el saludo mutuo se haya convertido ya en hábito puedes probar a iniciar una conversación que de alguna manera parta o gire alrededor de las lecturas que ella realice habitualmente. Pedir una recomendación de lectura de un autor determinado puede ser una buena idea. Si la conversación fluye puedes proponerle el continuarla fuera de la biblioteca, tomando algo. Si ella acepta, el paso ya está dado. A partir de ahí, todas las opciones están abiertas. Quién sabe si, dentro de un tiempo, tú puedes ir contando por ahí que también supiste ligar en una biblioteca.


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