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Seguro que alguna vez lo has oído y es probable, incluso, que alguna vez lo hayas dicho: “esa mujer es mucha mujer para mí”. Si lo has hecho, lo único que has expresado al decirlo es una notable inseguridad en ti mismo y algo a lo que podríamos llamar “miedo a la mujer”, un sentimiento que está a medio camino entre la renuncia y la frustración y que se da en más hombres de los que creemos cuando lo que tienen delante es una mujer que, bien sea por bella o excepcionalmente atractiva, bien por inteligente e independiente, parece inalcanzable para ellos.

Caminos erróneos para enfrentarse al miedo a la mujer

Hay hombres que se sienten repentinamente inmaduros o inexpertos cuando están ante una mujer bella, segura, inteligente y, sobre todo, que transmite la idea de experta en múltiples facetas de la vida pero, sobre todo, en la sexual. Esos hombres temen, de alguna manera, que esas mujeres saquen a la luz sus inseguridades, que las dejen al desnudo. Para evitarlo, buscan como parejas a mujeres manipulables, mujeres que tengan inseguridades semejantes o superiores a las suyas y que, por tanto, se dejen manipular emocionalmente.

El hombre de este tipo camufla su miedo a la mujer madura buscando relaciones con mujeres a las que pueda controlar de un modo más o menos enfermizo. Celoso y manipulador, este tipo de hombre con miedo a la mujer es un hombre que, en sus relaciones, tiende a crear para su pareja una jaula que puede ser más o menos de oro, pero que, al fin y al cabo, no deja de ser una jaula. Y es que, por encima de todo, lo que este hombre inseguro teme es que esa mujer que está junto a él descubra que hay vida más allá de ese universo que él, que puede ser aparentemente una persona amable y encantadora, ha creado para los dos y, en especial, para ella. Ciertamente, éste no es el tipo de relación deseable para una pareja ni es, tampoco, una relación enriquecedora para ninguno de los miembros de la misma. Es más: al hablar de este tipo de relación podríamos hablar, sin miedo a equivocarnos, como de lo que vendría a ser el prototipo de una relación tóxica.

Otros hombres que también padecen ese miedo a la mujer adulta y madura, por el contrario, en lugar de buscar a ese tipo de mujer a la que poder manipular emocionalmente de un modo más o menos sencillo, intentan protegerse de su inseguridad buscando en la mujer a una especie de madre que lo cuide y vele por sus fragilidades. Esta opción, qué duda cabe, tampoco es una opción recomendable. Es más: este tipo de relaciones no suelen acabar bien. ¿Por qué? Porque lo más habitual es que las mujeres no sientan deseo por aquél a quien tienen que cuidar como si fuera un hijo. Escogiendo este tipo de relación, además, el hombre inseguro no supera su miedo a la mujer madura. Es más: lo más fácil es que suceda precisamente todo lo contrario, es decir, que ese miedo se haga más intenso y el hombre, a su vez, se vuelva más inseguro.

Vencer el miedo a la mujer madura

El hombre que desee enfrentarse al miedo a la mujer adulta y madura deberá buscar un camino que no sea ninguno de los expuestos anteriormente. El camino a escoger no debe ser uno que solo sirva para, de un modo u otro, camuflar ese miedo del que estamos hablando y disimular todas las inseguridades asociadas a él. Ni a la madre ni a la niña. El hombre maduro sexualmente no debe buscar a ninguno de esos dos prototipos de pareja. El hombre maduro sexualmente debe buscar a una mujer que reúna dos condiciones básicas: la de ser madura sexualmente y la de ser independiente en el terreno emocional. Para ello, el hombre debe vencer el miedo a la mujer cuando esta se revela como poseedora de las características anteriormente señaladas.

Para conseguir vencer ese miedo a la mujer adulta del que estamos hablando aquí, el hombre debe:

  • Ser independiente financieramente.
  • Gozar de una importante seguridad emocional. El hombre emocionalmente seguro no debe necesitar imperiosamente la necesidad de una pareja para ser feliz. Para el hombre emocionalmente seguro, la felicidad no depende de si está emparejado o no. Ese hombre sabe ser feliz estando solo.
  • Ser maduro sexualmente. ¿Qué significa ser maduro sexualmente? Ser capaz de dar y recibir placer y valorar positivamente la compañía de una mujer experta al lado. A esa mujer no debe vérsela como a alguien que puede dejarnos en ridículo. A esa mujer hay que mirarla como a alguien que puede aportarnos mucho más, sin duda, que aquélla que no tiene experiencia. Mirar a esa mujer así es ser maduro sexualmente.
  • Ser autónomo. Es decir: saber cocinarse, saber lavar la propia ropa… saber, en definitiva, vivir solo.
  • Tener clara la propia identidad, los propios deseos y los propios gustos y necesidades.

Una vez se hayan trabajado todos esos puntos, el hombre que padecía, en mayor o menor grado, miedo a la mujer madura, habrá ganado la autoestima necesaria para verse en igualdad de condiciones con esa mujer adulta y para, viéndola así, poder considerarla objetivo de su estrategia de seducción. Y es que, al final, y tal y como venimos viendo en muchos artículos, la autoestima es la pieza básica sobre la que se articula el comportamiento del seductor.

Trabajados los puntos indicados, el hombre que padecía miedo a la mujer adulta podrá empezar a construir un puente de comunicación con ella, algo imprescindible para avanzar hacia la consecución de un tipo de relación interpersonal más madura y enriquecedora. Establecido ese puente, todo puede pasar. Sin establecerlo, todo es imposible.


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