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La guerra del amor

En el amor, como en la guerra, todo vale. Lo dijo alguien y tenía razón. Y en base a eso debes plantearte todo intento de seducción como una batalla a ganar. La persona a la que quieres seducir debe ser una plaza militar a conquistar y tú deberás mover todos los medios y recursos a tu alcance para vencer esa resistencia y entrar en el reducto más íntimo de ese bastión tan deseado. A veces te bastará con sacar a pasear tu mejor sonrisa. En otras deberás emplearte más a fondo. Deberás en ese caso mostrar toda tu caballerosidad mientras, tenaz e inasequible al desaliento, vas diseñando una estrategia de envolvimiento similar a la que Napoleón Bonaparte diseñó para vencer en Austerlitz.

Pero también puede suceder que, a pesar de todos esos esfuerzos napoleónicos realizados, el bastión a conquistar se mantenga inexpugnable y te veas obligado a recurrir a medios más expeditivos para acabar con esa resistencia que te impide alcanzar ese momento en que, vencido y desarmado el ejército enemigo y todas sus defensas, tus tropas conquistan los últimos objetivos militares. En esos momentos de las guerras, cuando el enfrentamiento parece enquistarse y hacerse eterno, los estrategas militares, desde la cínica frialdad de sus despachos, acostumbran a dejar arrinconado todo principio moral y, tirando por el camino de en medio, deciden hacer uso de las armas más mortíferas de que dispongan en su arsenal para, así, intentar poner fin a esa confrontación que parece no tener fin. Así se justificó Hiroshima, sin ir más lejos. Un mal menor por un buen fin, se dijo entonces. Y ésa es la justificación que, sobrevolando el horror, ha llegado hasta nuestros días.

Sin llegar a ese extremo de encarnizamiento, el seductor que empieza a contemplar cómo su proceso de seducción se encalla en una ciénaga de síes pero noes, de quizás, quizás, quizás y de ni contigo ni sin ti, se debe plantear la perentoria necesidad de buscar un arma de destrucción masiva que le sirva para vencer las últimas resistencias de la fortaleza a conquistar y le permita colocar su bandera en lo más alto de su torre del homenaje. Entre las armas de que dispone un seductor para vencer esas últimas resistencias figura el perfume. Pero no un perfume normal y corriente, no; sino un perfume con feromonas.

Efecto de las feromonas

Las feromonas son partículas químicas naturales que los seres humanos y los mamíferos segregamos por nuestras glándulas sudoríparas para atraer el sexo opuesto. Las feromonas están en el aire y nosotros, de manera inconsciente, las captamos con el olfato. Una vez que contactan con el órgano vomeronasal, éste se encarga de enviar una señal al hipotálamo. Informado éste, su respuesta es instantánea. Y esa respuesta es inconsciente. Por eso en ocasiones no sabemos explicarnos por qué una persona nos atrae tanto o por qué estaríamos besando durante horas y horas una determinada parte del organismo de esa persona.

La industria perfumista, atenta siempre a todo lo que tenga que ver con los procesos de seducción o con la publicidad de los mismos, empezó ya hace mucho a utilizar feromonas en algunos de sus perfumes para, así, intentar facilitar la tarea seductora de los usuarios. Los perfumes con feromonas, así, servirían para aumentar la atracción sexual que quien lo lleva puesto ejerce sobre los demás.

Los perfumes con feromonas cada vez gozan de mayor popularidad. Hay parejas que los usan para reactivar el fuego que un día ardió en el seno de la misma. Hay quien los usa en una primera cita. Estos estrategas de la seducción son los defensores del ataque preventivo. Mejor golpear primero que esperar a golpear cuando quizás ya sea demasiado tarde, piensan estos seductores, y por eso echan mano del perfume con feromonas en esa primera cita: para acercarse a ella completamente armado, sin flancos débiles, con todo el ejército movilizado y dispuesto en orden de batalla.

Con la misma intención actúan quienes usan los perfumes con feromonas antes de salir de casa, camino de la discoteca. Allí, entre el ritmo trepidante escupido por los altavoces y el centelleo espasmódico de los focos, las feromonas se expanden por el aire como una vaharada de anzuelos bien cebados que sólo estuvieran esperando la llegada del pececillo que, confiado, pique en uno de ellos.

¿Verdad o placebo?

Hay personas que se niegan a creer en el efecto mágico de los perfumes de feromonas. Esas personas pertenecen a esa tipología de ser humano que tiene muy alto concepto de la especie y que se resiste a aceptar la pervivencia en nuestro comportamiento de motivaciones puramente animales. Quién sabe si estas personas tienen razón. Ciertamente, no hay estudios científicos con el suficiente peso de autoridad como para sostener que los perfumes con feromonas tienen efectos claramente positivos en el proceso de seducción. Pero tampoco los hay en sentido contrario y, después de todo, lo que no va a hacer un perfume con feromonas es arruinar una conquista que estuviera encauzada de una manera claramente positiva.

Quizás el perfume con feromonas no sirva para atraer conquistas, pero tampoco las va a imposibilitar. Además, el perfume con feromonas puede tener un efecto positivo sobre la autoestima del seductor. Perfumado con uno de estos perfumes y convencido de sus efectos positivos, el seductor puede mostrarse más seguro de sí mismo al intentar que la seducción se haga efectiva y eso, qué duda cabe, juega a su favor. En más de una ocasión hemos señalado cómo la autoestima y la seguridad en uno mismo son factores decisivos a la hora de intentar ligar. Si esa dosis de autoestima se consigue a través de un determinado efecto placebo por parte de los perfumes con feromonas, ¿vamos a rechazar su uso por un quítame allá esas pajas de fiabilidad científica? Recuerda siempre lo que hemos dicho al principio: en el amor, como en la guerra, todo vale. Hasta lo que en apariencia pueda parecer inútil. Después de todo, un simple caballo de madera sirvió para que los ejércitos griegos entraran en Troya. Y Troya ardió. ¿Quién te dice que esa chica que tanto te gusta no va a arder de deseo cuando los efluvios de tu perfume con feromonas impacte en su hipotálamo?

Eso sí: si la idea de utilizar un perfume con feromonas no te convence, no olvides nunca utilizar un buen perfume para acudir a esa cita. No es necesario gastarse mucho dinero para comprar un buen perfume. basta con comprar en la perfumería adecuada. Nosotros te recomendamos una, on line, que te proporcionará perfumes de primeras marcas a un precio excepcional.


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