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Tras el primer beso vienen otros

En otra ocasión ya dedicamos un post a destacar la importancia que tiene ese momento en el que el seductor da un paso adelante y besa a la mujer que quiere seducir. En aquel post recalcábamos la importancia de ese instante en el que el seductor se juega su éxito a cara o cruz. Hablábamos allí de la higiene bucal, de besar sin prisas, de ir incrementando poco a poco la intensidad del beso, de manejar la lengua sin que sea un martillo pilón que intenta llegar hasta lo más profundo de la boca de la mujer besada. De todo ello hablábamos en aquella ocasión en el post que titulamos “El primer beso: la prueba del algodón”.

Pero el primer beso, de resultar triunfante, no será sino el ábrete sésamo que dé paso a un largo rosario de besos nuevos. Y será cuando llegue ese momento de seguir besándose, cuando lleguen esos otros besos que deben seguir al primero, cuando el seductor deberá demostrar su inventiva y su capacidad de renovar su estilo.

El seductor no puede tener una única manera de besar. El catálogo de formas de besar de un seductor no puede quedar reducido a un par de maneras de colocar los labios y de jugar con la lengua. El seductor debe sorprender a su pareja, debe seducirla en cada beso, debe hacerle entender, mediante el beso, que es un maestro en el arte de amar. En este post vamos a realizar un listado de diferentes formas de besar. Alternarlas puede ser una buena manera de mantener a nuestra pareja en vilo, pendiente de cuál es la ofrenda de deseo y de cariño que, con nuestros labios y nuestra lengua, vamos a ofrecerle en cada ocasión.

Besos originales

Esos tipos de besos son los siguientes:

  • Beso inclinado. Este tipo de beso guarda muchas semejanzas con el beso clásico. En esta ocasión, el beso se da con la cabeza ladeada y sujetando a la pareja. La presión que se ejerza con manos y labios dará cuenta en cada momento del nivel de apasionamiento de ese instante mágico que siempre es el del beso.
  • Beso bailando. ¿Has probado a besar a tu pareja mientras bailas? Este tipo de beso requiere algo de coordinación. Bailar y besar al mismo tiempo no resulta fácil.
  • Beso directo. Este tipo de beso es, probablemente, uno de los besos más ardientes que puede darse una pareja. Los labios se acercan, se juntan, se aprietan. Mientras tanto, las manos de cada uno de los miembros de la pareja se dedican a acariciar a la otra. Los cuerpos se van pegando más y más, como si quisieran fundirse el uno con el otro. Se abren las bocas para acomodar las respiraciones. Un manera de besar muy pasional, sin duda.
  • Beso del labio superior por parte del inferior. Esta modalidad de beso es, por decirlo de algún modo, fundamentalmente juguetona. Los labios del chico, por ejemplo, besan el labio superior de la chica mientras ella besa el inferior. Este tipo de beso permite que se vayan alternando los papeles.
  • Beso eterno. El beso eterno es, como su nombre indica, un beso largo. Para ejecutar este tipo de beso sólo hay que resistir y buscar el mejor acomodo posible para los labios. Una vez los labios estén acomodados, resultará sencillo para la pareja alargar ese beso con el que se intenta transmitir todo el cariño sentido por la pareja.
  • Beso broche. Este manera de besar podría llamarse, también, beso cepo. Con nuestros labios atrapamos los labios de nuestra pareja. Si ésta quiere escapar, deberá optar por dos caminos. Uno es el de besarnos. Otro, el de abrir su boca. Esta segunda opción abre la puerta la posibilidad de ejecutar un sensual y excitante juego con las lenguas.
  • Beso latiente. El adjetivo latiente ya remite, directamente, a algo apasionado. El corazón late, y ese latido se acelera con el contacto de los labios en este tipo de beso que es un beso rápido que se va repitiendo tres, cinco, diez, quince veces. El beso latiente tiene algo de juego y de anticipo de otro beso más apasionado y en el que se produzca una mayor fricción entre los labios.
  • Beso en las comisuras. Las comisuras de los labios figuran en el listado de zonas erógenas del cuerpo. Por tanto, un beso dando en esta zona siempre resultará muy efectivo.
  • Beso tramposo. Esto, más que un beso, es una broma, un juego. A este tipo de beso (o, mejor dicho, de no beso) se le suele denominar con una expresión: “hacer la cobra”. Los labios se ofrecen para un beso y, cuando ese beso va a llegar, los labios se retiran.
  • Beso erógeno. El beso erógeno es una modalidad de beso que no tiene como destino los labios de la pareja. El cuello, la espalda, el comienzo del pecho, los glúteos, el pubis… cualquier lugar del cuerpo mediana o intensamente erógeno puede convertirse en el destinatario de este tipo de beso.

Alma y experiencia

Alternar estos tipos de besos que te hemos relacionado en este post puede convertirte en un imprevisible seductor, un casanova sorprendente y divertido que sepa mantener en vilo a la pareja y que, como tal, sea apreciado por ésta. Para alcanzar ese nivel, sin embargo, no basta con dominar los conceptos teóricos. De la misma manera que a caminar se aprende andando, a besar se aprende besando. Cuanto más beses mejor lo harás.

Eso sí, al besar ten en cuenta una cosa: ninguna perfección técnica puede sustituir, en un beso, la sinceridad del mismo. Todo lo que se ponga de pasión al dar un beso se gana de calidad en el mismo. El beso, al fin y al cabo, es un instrumento para comunicar un sentimiento. Si ese sentimiento no existe, el beso no puede ser más que una danza fría y desangelada efectuada con los labios y la lengua. Se puede optar, claro, y dependiendo de las dotes como actor o actriz de quien deba dar el beso, por fingir la pasión del mismo. Al optar por esta opción hay que tener en cuenta, sin embargo, que los sentimientos no pueden fingirse por mucho tiempo.

Pocas cosas causan tanta decepción como un beso dado como por obligación. Un beso sin alma no es un beso, es el sello que da fe de un desencanto y anticipa un desencuentro. Un beso sin alma es el cascarón huero de un beso, una especie de farsa, el espejismo que se desvanece entre las manos como un fuego fatuo. Y, como los fuegos fatuos, el beso sin alma nace de un cadáver en descomposición. En nuestro caso, ese cadáver es el de un amor que, o bien no llegó a fraguar, o bien murió de puro desangrarse. El beso sin alma sería, de alguna manera, el sudario de ese cadáver, la sábana que se coloca sobre él para que no se le pueda ver, desventrado y exánime, sobre la mesa de autopsias.


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