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¿Por qué comencé a utilizar las webs de citas?

Estaba aburrido y decidí entrar en las webs de contactos. Aunque no podría echarle, enteramente, la culpa al aburrimiento: él no me obligo a pulsar “entrar”. Pronto me encontré en un mundo desconocido. Creo que todas las personas que se han unido a un sitio como este, estará de acuerdo conmigo. Si no has dado el paso, te sugiero que lo hagas.

No recuerdo, o no quiero acordarme, si de joven tuve mucho éxito con las mujeres. Hubo temporadas de mi vida en que yo estuve solito, ahora que lo pienso: era un auténtico fracasado.

Dentro de mi grupo de amistades, yo era el más ingenuo. Una vez me acerqué a una chica (tras haber consultado antes a sus amigos) y le pregunté, nervioso y sudoroso, ¿quieres salir conmigo? Me contestó que sí, mis contactos no me fallaron. Eso fue todo. De aquel romance recuerdo una cita con ella, en dónde me emborraché tanto, para superar mis nervios, que de repente me encontré en su casa y, luego, me encontré en el coche de vuelta a mi casa sin saber que había pasado. No volví a saber nada de ella. Lo único que viene a mi mente, es la larga charla que me dio mi padre por haber conducido borracho. Creo que desde ese momento, comenzó mi temor a tener, nuevamente, una cita con una chica. No por lo que podría haber pasado aquella noche, sino por la riña que me dio mi padre: ya que, seguramente, volvería a emborracharme ya que era muy tímido.

La mayoría de mis amistades se pasaban el tiempo en locales de copas los fines de semana, bailando y bebiendo todo el rato. No era lo que a mí me gustaba y, de esa manera, estrechaba más aún mis posibilidades de conocer a alguna chica con la que poder comenzar una relación. Tuve la suerte de evitarme las resacas mañaneras y de tener relaciones esporádicas con borrachas y, así, poder evitar contraer alguna que otra enfermedad de transmisión sexual.

Durante mi vida, el tiempo pasaba rápidamente sin muchas relaciones a destacar. Con frecuencia las chicas que iba conociendo preferían ser mis amigas.

Me acabé casando con una chica de Polonia pero, cuando su país entró en la comunidad Europea y el certificado de matrimonio ya no era necesario, se acabó marchando. Un desastre que acabó en divorcio y, como nos casamos con bienes gananciales, me dejó mi cartilla casi a números rojos.

Podría decir que no he tenido mucha experiencia amorosa, ni mucha suerte. A diferencia de la gente que no sabe el porqué, yo sí que lo he sabido.

No ha sido un gran problema, pero sí que ha sido suficiente para meterme en situaciones comprometidas e incomodas. Una vez a una amiga le sugerí de ser novios y ella me dijo: estuve esperando dos años a que me lo preguntarás y, ahora que ya no siento nada por ti, me lo preguntas.

Semáforo

Nunca he sido capaz de leer las señales que me ha dado la vida, es así de simple. En un grupo de psicología estaría todo el día explicando el miedo que tengo al rechazo e incluso a mi baja autoestima. Una de mis amigas escribió un mensaje con avioneta en el cielo, mientras estamos sentados en una manta, encima de la hierba: ¿quieres salir conmigo? Ella, de repente, se giró y yo le contesté: ¿quién te gusta? Se levantó y se fue.

Supongo que eso sería por inocencia o, incluso, por estupidez, pero lo que está claro es que no he sabido leer las señales. En mi mundo real sigue estando así, con la estima por los suelos.
Pero no importa, ya que tengo tres motivos para ser ahora feliz:

Las citas por Internet: no son reales, pero me siento muy a gusto hablando con gente a la que no conozco y no saben quién soy.

A través de estas páginas, he conocido a una chica muy interesante y estoy feliz con ella. No nos conocemos pero las tardes son sólo para ella y, aunque al principio fue una relación distante, ahora nos llevamos muy bien.

Por las mañanas, chateo con otras personas y es una forma de hablar diferente y emocionarme a la vez. No llegáis ni a imaginar lo perdida que esta la gente por el mundo.


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