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Hoy os vamos a dar unos consejos sobre masajes, mimos y caricias que tu amante te agradecerá. Pequeños y simples detalles que hará que tu amante se sienta especial.

Masajes en las manos

Cuando el día ha terminado, cuando estés tranquilo, lo haré. Te relajaré con un poco de atención a tu espalda. Mis manos sólo se encuentran trabajando por todo tu cuerpo. Cierra los ojos y disfruta del momento, disfruta de la relajación. Mientras tanto, podrás dormitar en este lugar o, si lo deseas, puedes dejar que mis manos te relajen dando vueltas por toda tu piel. Tú decides.

Una bola, dos bolas

Este es un regalo que su chico es difícil que olvide. Su próxima sesión de amor estará dedicada a sus “muchachitos” o, mejor dichos, a sus testículos.

Puedes ser reacia a acariciarlos demasiado, ya que siempre has escuchado que son muy frágiles y delicadas. Pero al igual que los pechos de la mujer, que ellos los tratan tiernamente, suelen ser robustos y bastantes firmes.

Manéjalos, levántalos, sujeta todo su escroto y tira de ella hacia abajo. Chupa con suavidad. Tu pareja siempre ha fantaseado con ese momento, te lo prometo. Él te lo hará saber si le gusta, si consigues su placer. El giro asombroso en vuestra relación será increíble.

Esta noche, mi amor, quiero prestar toda mi atención a tus testículos, a tus bolas, a tus niños. Vas a ser mi entrenador por si necesito ayuda, y dime si mi juego es demasiado duro para ti. Pero quiero que, simplemente, descanses y disfrutes del momento.

El trabajo de mamá

Los hombres aman los pechos. Creen que, sencillamente, son maravillosos, sin importar su forma y tamaño. Así qué mejor manera, ¿de qué durante la próxima sesión de amor, le dediques la mayor parte de la atención con tus pechos? Te recomiendo que una vez que hayáis empezado, descanses tus manos a sus costados mientras acaricias con tus pechos, con delicadeza y suavidad, todo su cuerpo. Trabaja un rato, mimando, su torso desnudo y luego baja hacia las piernas delicadamente. Seguidamente introduce su pene entre tus pechos y sube hacia su rostro: roce con sus senos los ojos y los labios de su compañero. Él no será capaz de aguantarse y sus manos se volverán ansiosas por acariciar tus pechos y su boca deseará morder los pezones erectos. Todo él querrá unirse a la fiesta del placer.

Sé con certeza que te gustan mis pechos, así que voy a usarlos para acariciar todo tu cuerpo. Voy a mimar, con ellos, tu pecho desnudo, tus brazos, tus piernas. Seguidamente voy a aproximarlos a tu pene erecto, tocar tus pezones con los míos y acercarlos, después, a tu rostro. Voy a coquetear con mis senos tus párpados y tus labios hasta que notes la dureza de mis pezones, en tu boca.

La hora del baño

Tienes que invitar, esta noche, a tu chico a un baño relajante. Enciende velitas por todo el cuarto de baño y sírvele un vaso de vino. Llena la bañera de agua caliente y pon mucho gel para hacer un baño de espuma, vierte aceite y sales de baño. Invítale a entrar y, una vez dentro, coge una esponja y lávale. Siéntate dentro de la bañera y pídele que se dé la vuelta, acaríciale la espalda con la esponja, suave y lentamente. Coméntale que se ponga de pie y aprovecha para lavarle las piernas, su culo y, finalmente, su pene. Coméntale, entregándole la esponja, que haga lo mismo que tú has hecho. Cuando estéis excitados, salid de la bañera y secaros mutuamente. Luego, dirígelo a vuestra cama de la mano: esta noche ha comenzado muy bien, con un inicio muy limpio.

Esta noche, me encantaría que te unieses conmigo en un baño relajante, pero muy estimulante. Quiero que te relajes tras tu jornada laboral. Voy a llenar la bañera de agua caliente y encender velas, mientras puedes servirte una copa de vino. Ahora que todo está listo, métete dentro y déjame que te consienta. Déjame que me una a ti y lavaré, delicadamente, tu cuerpo con la esponja…


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